Pienso que durante unos años he tenido olvidada la
faceta feminista de mi filosofía de vida e ideología, que sin duda poseo. Los
avatares de la vida cotidiana de una mujer de clase obrera, hija de una madre
necesitada de atención, trabajadora de la administración pública, madre de dos
hijos, esposa responsable de la casa y la familia con ayuda puntual del compañero
y estudiante universitaria a distancia, no me han permitido parar lo suficiente
a reflexionar sobre las situaciones vividas. Lo hago ahora y me dan escalofríos
de pensar en aquel estrés de como ahora no sería capaz de hacer ni la mitad.
Pero la he recobrado con fuerza al recuperar mi
libertad, al pasar a la situación de jubilación. Participo de diferentes
actividades feministas de mi barrio y me siento parte de las reivindicaciones
feministas aunque algunas de ellas no las haya llegado a sentir en propia piel.
Es un sentimiento de solidaridad y de rabia al comprobar cómo siguen siendo
actuales, cómo las condiciones de las mujeres no han variado demasiado, a excepción
de la ley de divorcio y de aborto, desde aquellos años en los que formé parte
de la primera associació catalana de la dona, allá en los primeros años de la transición
política junto a mi buena amiga Joaquina.
Hoy me viene a la memoria la historia de la abuelita
Francisca. La tierna imagen que me devuelve su fotografía me hace difícil
identificarla hoy en día como víctima de la violencia machista, pero así era. Siempre se habló en aquella familia del carácter autoritario
y de las duras decisiones que les impuso el abuelo, pero creo que jamás llegaron
a identificarlo con un problema de carácter social que los implicaba a todos,
haciéndolos cómplices del dolor.
Toda la familia tenia la sensación subjetiva de no
poder hacer nada y la percepción de ausencia de control sobre la situación. En
algunos momentos puntuales se rebelaban verbalmente, pero otras veces acababan asumiendo
que nada se podía hacer e incluso podían llegar a relegar la responsabilidad de
la situación a la propia víctima. Hoy estamos más sensibilizados sobre el tema
y entendemos que los hijos son tan víctimas como sus madres de la violencia machista que ejerce el
padre sobre ellas, pero a mediados del siglo pasado no eran conscientes de su
situación, la sufrían igualmente en silencio marcando sus vidas para siempre.
Por todo ello este apartado es muy significativo
en mi blog.
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